LIBERTÉ 2026: CUANDO LOS SUEÑOS SE CONVIERTEN EN ARTE

Más de 200 pinturas y poemas, 21 instituciones, participantes de distintos lugares de Chile y obras llegadas también desde Argentina y Puerto Rico dieron vida a una nueva edición de LIBERTÉ, el Concurso de Arte y Poesía para Personas Neurodivergentes de ArtLabbé. Este año, una invitación sencilla y a la vez enorme fue el punto de partida: “Tengo un Sueño”.
“¿Quién no ha soñado? Soñar no tiene fronteras”. Con esas palabras, María José Fuentes Labbé, fundadora de ArtLabbé junto a Néstor Soto Godoy, dio la bienvenida a los integrantes del jurado que tendrían la difícil misión de escoger a los ganadores de LIBERTÉ 2026.
Y antes de mirar pinturas, leer poemas y deliberar, ellos también tuvieron que soñar.
La jornada comenzó con una actividad simbólica inspirada en la temática de este año. Cada integrante del jurado pintó su propio sueño sobre un papel, lo amarró a un globo y luego lo dejó volar. Una manera de recordar, antes de comenzar a evaluar, el espíritu que había inspirado a los participantes a crear sus obras.
La tarea que vino después no fue fácil: la magnitud de lo recibido —más de 200 pinturas y poemas provenientes de 21 instituciones, con participación de distintos puntos de Chile y también de Argentina y Puerto Rico— exigía mirar cada obra con calma y criterio.
El jurado estuvo presidido por el reconocido artista y “soñador profesional” Mario Toral. Junto a él, reunió miradas provenientes de distintas disciplinas: Isabel M. Haeussler, psicóloga clínica y artista visual; Monica Krassa, embajadora cultural del Museo Marítimo Nacional de Chile; Fernando Cifuentes Soro, arquitecto, pintor y escultor; Macarena Matte, artista visual; Cristián Preece, diseñador de ambientes y objetos; María Teresa Cerveró, empresaria de la decoración; Mario Pérez de Arce, arquitecto; Eva Holz, diseñadora, paisajista y pintora; Paola Yancovic, publicista, escultora y alquimista; y Cazú Zegers, arquitecta, directora de Cazú Zegers Arquitectura y fundadora de Fundación +1000.
Arte, arquitectura, diseño, psicología, paisajismo y escultura reunidos alrededor de una misma mesa y con una misión común: mirar más allá de la técnica para descubrir aquello que cada participante había querido expresar.
Una elección nada fácil
Para Macarena Matte, quien este año participó por cuarta vez como jurado, volver a ser parte de LIBERTÉ significó asumir una gran responsabilidad. “Hay trabajos muy buenos, muchos realmente muy buenos, y lo difícil es tener que elegir y ajustarse a la cantidad que nos piden seleccionar”, comentó la artista visual, quien destacó además el nivel de desarrollo, resolución y materialidad de las obras.
Fernando Cifuentes Soro coincidió en la dificultad de la tarea. “Hay muchísimo detrás de todo esto”, señaló, destacando el esfuerzo, el cariño y la organización que hacen posible el concurso. Al seleccionar, contó, buscó especialmente obras “que abrieran un mundo distinto, que mostraran otra mirada”.
Para Cristián Preece, en cambio, esta fue su primera experiencia como jurado de LIBERTÉ. “Soy un gozador y un gran admirador del arte. Siento que el arte es el alma de todas las emociones”, afirmó. El diseñador destacó especialmente la posibilidad que entrega el concurso de participar, expresarse e integrarse a través de la creación.
También debutó como jurado María Teresa Cerveró, quien quiso prepararse especialmente para asumir el desafío. Antes de la selección estuvo leyendo e investigando sobre neurodivergencia, particularmente sobre autismo y síndrome de Down, para acercarse con una mayor comprensión a las personas detrás de las obras. Uno de los aspectos que más la sorprendió fue el color: “Hay algo muy especial en la manera en que se expresan. Perciben los colores de una forma muy distinta y particular, y eso se refleja en las obras”.
El alma detrás de una obra
Durante la jornada, Mario Toral compartió una reflexión especialmente contingente. Frente al vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial, el presidente del jurado recordó que, cuando hablamos de arte y poesía, la tecnología podrá hacer muchas cosas, pero jamás será capaz de replicar el alma humana que existe detrás de una creación.
Una idea que cobró especial sentido ese día: el jurado no solo debía observar las obras, sino también dejarse conmover por ellas.
Toral trajo, además, un regalo muy especial para los ganadores: entre ellos, un ejemplar de su icónica edición de gran formato de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1970), de Pablo Neruda, ilustrada por el artista con acuarelas originales abstractas y figurativas. Un obsequio cargado de simbolismo para un concurso donde precisamente la pintura y la poesía se encuentran.
Y llegó el gran día
Dos semanas más tarde, el sábado 29 de agosto, los nombres que hasta entonces permanecían en secreto finalmente pudieron darse a conocer.
La premiación de LIBERTÉ 2026 se convirtió en una verdadera fiesta familiar, que reunió a ganadores, participantes, familias y representantes de las distintas instituciones que hicieron posible esta edición como Fundación Amanecer, Casa Calú, SENDAS, Fundación PAR, Centro Impulso Lo Barnechea, entre otros.
Hubo emoción, aplausos y reconocimientos, pero también música, teatro y momentos para compartir. Los beneficiarios de Fundación ArtLabbé presentaron una muestra del trabajo que realizan en sus talleres de Musicoterapia y Teatro, mientras carros de comida con hot dogs y papas fritas acompañaron una celebración pensada para disfrutar entre todos.
Porque LIBERTÉ no se trataba solamente de saber quién había ganado. Era también el momento de celebrar a cada una de las personas que se atrevieron a transformar un sueño en una pintura o en palabras.
Los ganadores de LIBERTÉ 2026
En la Categoría Arte, el primer lugar en menores de 18 años fue para Máximo Cartagena, de Fundación Amanecer, con Sin título. Francisco Carrasco, de Fundación Sendas, recibió la mención honrosa por Vuelo.
Entre los participantes de 18 a 65 años, Magdalena López, de Fundación Sendas, obtuvo el primer lugar con Los tachuelas, mientras Yael Donaire, de Centro Impulso Lo Barnechea, recibió la mención honrosa por Cobrando vida a mis sueños.
En 65 años+, Beatriz Dumont, del Hogar Italiano, obtuvo el primer lugar con Búsqueda de algo que no sé lo que es. La mención honrosa fue para Gina Toscanini, también del Hogar Italiano, por Conocer la Basílica de la Sagrada Familia de Gaudí.
En la Categoría Poesía, Máximo Cartagena, de Fundación Amanecer, volvió a subir al primer lugar entre los menores de 18 años, esta vez gracias a Un cóndor en el cielo. La mención honrosa fue para Cecilia Raquel Lescano por Tengo un sueño.
En la categoría de 18 a 60 años, Maricel Narváez obtuvo el primer lugar con Descalza, pero soñando, y Rosario Fernández recibió la mención honrosa por Tengo un sueño…
Finalmente, entre los participantes de 60 años +, María Cecilia Fallet obtuvo el primer lugar con De la juventud a la vejez, mientras Berta Ibarra recibió la mención honrosa por El sueño de amar.
Felicitamos especialmente a Máximo Cartagena de Fundación Amanecer, quien protagonizó uno de los grandes momentos de esta edición al obtener dos primeros lugares: uno en Arte y otro en Poesía, ambos en la categoría de menores de 18 años.
Soñar no tiene fronteras
Así llegó a su fin una edición que comenzó con una pregunta y terminó con más de 200 respuestas diferentes.
Hubo sueños convertidos en colores, sueños escritos en versos, sueños que viajaron desde distintos rincones de Chile y otros que cruzaron fronteras desde Argentina y Puerto Rico. Hubo un jurado que tuvo que dejarse conmover para elegir y, finalmente, una gran fiesta para celebrar.
Quizás por eso las palabras de María José Fuentes Labbé al comienzo de esta historia terminan siendo también la mejor manera de cerrarla: “¿Quién no ha soñado? Soñar no tiene fronteras”.



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